UNA NOCHE FANTASMAL.
Sé de antemano que la historia que te voy a contar no tiene sentido alguno y, aunque te juro que es verdad, dejaré a tu criterio el juicio final.
Todo ocurrió una noche en la que yo dormía como un angelito, a pierna suelta. Cuando, a partir de medianoche, en el momento en que salen los fantasmas, las sábanas arrugadas de mi cama empezaron a coger la forma humana de la chica más hermosa que jamás hubiera imaginado.
De repente, por los lados de la cama, tan pronto aparecían unas nalgas, una mano, como dos tetas como carretas.
Tenía forma humana, aunque muy extraña. Saltaba con un solo pie y otras veces iba ¡a cuatro patas!
La luz de la luna la hacía todavía más sobrenatural. Tenía una melena negra y dos brazos con los que abrazaba a pares en cada beso.
Se movía con gracia y arte por toda la cama, mientras, en cada postura, me sorprendía con una nueva composición de formas extrañas, de auténtica locura.
Misterios de la vida que nunca nos dejan de sorprender.
¿Quién me hubiera dicho que las sábanas tuvieran vida propia y que hasta gemían de placer a cada espasmo?
Y esto es todo, amigo.
Todavía hoy la estoy buscando todas las noches de luna llena. De esta historia ya hace algún tiempo y todavía no he podido sacarme al dichoso "fantasma" de la chaveta.
Colección: A MI MANERA.